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    Un nuevo estudio indica que dar al padre un permiso de trabajo pagado y la flexibilidad para usarlo en los días en los que la madre necesite apoyo adicional, tras el parto sería de gran utilidad, incluso si solo significa un par de días en casa.

    Las investigadoras, Maya Rossin-Slater y Petra Persson, economistas de Stanford, estudiaron los efectos de una ley sueca de 2012 que permite a los padres tomarse hasta treinta días, según sea necesario, en el año posterior a un nacimiento, mientras la madre goza todavía del permiso por maternidad.

    Los resultados fueron que durante los seis primeros meses posteriores al parto, hubo una disminución del 26 por ciento en las recetas de medicamentos contra la ansiedad en comparación con las madres que dieron a luz antes de que la política entrara en vigor.

    Observaron una reducción del 14 por ciento en las hospitalizaciones o visitas al especialista y una disminución del 11 por ciento en las recetas de antibióticos.

    “Nos hemos concentrado mucho en lo que podemos hacer en el hospital inmediatamente después del parto, pero menos en el entorno de las madres en el hogar”, explicó Rossin-Slater.

    Estados Unidos es el único país desarrollado que no tiene un permiso por paternidad pagado obligatorio. La mortalidad materna en ese país —que incluye las muertes durante el año posterior al parto— ha aumentado un 50 por ciento en una generación.

    El nuevo estudio demuestra cómo el tiempo pagado de licencia para los familiares puede mejorar los cuidados de los bebés y las madres, según dijeron expertos que no participaron en la investigación.

    “En esos primeros meses, básicamente te sometes a una privación de sueño como la de los prisioneros de guerra”, comentó Neel Shah, obstetra y profesor asistente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard.

    La presencia de los padres podría haber evitado la necesidad de atención médica más grave; por ejemplo, al permitir que las madres pudieran dormir, buscaran cuidados preventivos o antibióticos al inicio de una infección.

    El informe  incluyó datos sobre los padres que tuvieron a su primer bebé entre 2008 y 2012, y se concentraron en comparar a los que nacieron en los últimos tres meses de 2011 y los primeros tres meses de 2012, cuando los padres pudieron tomar el permiso flexible.

    Los efectos fueron más evidentes en las mujeres con antecedentes de problemas médicos. Las investigadoras examinaron otras dos áreas y no vieron ningún cambio: las recetas de antidepresivos y analgésicos.

    La meta es promover la creación del vínculo padre-hijo y la igualdad de género. Existen pruebas de que cuando los padres son los únicos responsables de un bebé, permanecen más involucrados con sus hijos.

    Con información de The New York times

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